Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: ¡TÚ PUEDES HACER QUE YO SEA JESUITA!

Tomás Sánchez vió por primera vez la luz, en la ciudad de Córdoba, en aquel siglo en el que España pintaba sus Inmaculadas y cantaba las glorias de María por las plumas de Lope y Calderón.
En un hogar envuelto entre aromas de costumbres cristianas, su espíritu creció puro. Al cumplir los dieciséis años, sintió deseos de entrega a Dios su corazón joven. La vida sacerdotal en una Orden religiosa era para él un ideal deslumbrador.
La compañía de Jesús se lo brindaba. En su misma ciudad natal pidió ser admitido en ella.
Los examinadores quedaron bien impresionados por el muchacho: sin embargo, le notaron un impedimento serio. Un defecto de pronunciación no le dejaba expresarse con soltura y hacía su dicción a menudo ininteligible. El joven insistió... con el tiempo... tomando la cosa a pecho... En vano; el  tartamudeo parecía radicar en alguna deformación física irremediable. La fuerza de voluntad en corregirla era insuficiente.
Tomás salió de la entrevista   chafado. Todas sus ilusiones, desvanecidas. Su porvenir, acariciado con pasión, roto. El apostolado, el sacerdocio, las almas, quedaban separadas de él por un abismo infranqueable.
Inconsientemente en busca de alivio, se encaminó a los campos circundantes. La naturaleza le fué transfundiendo su calma. Ya más sereno se dirigió hacia una ermita de la Virgen(de la fuente santa), que se veneraba allí cerca, bajo al advocación de N.ª Sra. De la Fuensanta. Se arrodilló, clacó sus oijos en la imagen, y al notar de nuevo su pena, no pudo más, le saltaron las lágrimas.
<<Madre mía, tú puedes hacer que yo sea jesuita. Tú puedes quitarme el defecto que me impide ser admitido en la compañía de Jesús. Te lo ruego con toda mi alma. Acuérdate que nadie ha sido jamás abandonado por Ti. Yo espero, Madre; no me iré de aquí hasta que me escuches.>>
  Y la Virgen le ecuchó. Tomás Sánchez pudo ser admitido en al compañía. Apenas le quedaba el menor rastro de tartamudeo. Con el tiempo llegó a ser uno de los teólogos más célebres de su época. Cuando volvía a la ciudad natal, su primera visita era para la Virgen de la Fuensanta, a cuyos pies había visto otra vez la luz después de la borrasca más fuerte de su vida.

(A:Drive, S. I.: María y la compañçia de Jesús. C. IV, p. 89. Nieremberg: Varones ilustres, t. VII,, p.105.)
José López, S.J. Misionero del Japón

 

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