Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: ¡NO PASARÁ DE AQUÍ EL AGUA!

Milagro de la Virgen de la Palma en Cádiz.

Todavía está la lápida que lo conmemora en al Calle de la Palma, y todavía se celebra el aniversario con función de acción de gracias todos los años.

Era Gobernador de Cádiz don Antonio Arloz, cuando el 1 de noviembre de 1.755 tuvo lugar en esta ciudad un terremoto, nunca visto igual, en el que las conmociones sísmicas derribaran muchas casas, y aun parte de las mismas murallas.

Las gentes ya se habían tranquilizado y como día de todos los santos acudían a los templos cuando el mar empezó a rugir de un modo formidable, sin una brizna de viento y sin que se viera una sola nube en el cielo.

Entró luego el mar por la Caleta, y con tal furia, que las gentes subían a las azoteas o corrían sin tino por las calles, buscando salvación.

El Gobernador hizo cerrar las puertas de la ciudad, y unos treinta hombres que lograron salir antes de tomar esta providencia, se los vio desde la muralla elevarse acá y allá en las crestas de las olas y hacerse trizas con las rocas, o desaparecer mar adentro.

Subía el mar varios metros en las calles de la ciudad, y había ya llegado a mitad de la calle de la Palma. Las gentes corrían sin tino. Muchas se aglomeraron en la iglesia de Santo Domingo ante el altar de la Virgen del Rosario.

Celebraba en ella un fraile la Santa Misa. Le advirtieron el peligro el rugido del mar y la muchedumbre que penetraba en la Iglesia.

Terminó el santo sacrificio, y tomando después el estandarte de la Virgen de la Palma, salió calle abajo, seguido del pueblo, al encuentro de las aguas.

El pueblo, aterrado, se quedó a distancia.

Adelantóse entonces el fraile, solo, avanzó hasta meter sus pies en las aguas del mar, en el momento en que una ola se retiraba, dejando empapada la tierra, y allí clavó el estandarte de la Virgen, diciendo en voz alta:

- ¡Tú eres Madre de Dios, no pasará de aquí el agua!

Y cuentan que la nueva ola que se alzo furiosa, cayó ya al pie del estandarte, sin mojarlo, quebróse la que venía detrás más lejos, fue a romper la tercera en el extremo de la calle, comenzó el mar a retroceder lentamente,  poco a poco, bramando siempre, como una fiera, rabiosa aún, que se retira acobardada.

Corrió por todo Cádiz la noticia, y la población entera entró en la capilla de la Palma, llevando en procesión el estandarte de María, instrumento visible de la protección de su Madre y Señora.

(C. ARBELOA, S.I.: Sábados populares. Pamplona, 1.937, p. 143.)

 

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