Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: MILAGRO CELEBRADO ANTICIPADAMENTE

Conocí a Clara N. Fukuma- una joven católica, menuda y risueña- cuando a mediados de julio de 1951 llegué al puesto misional de Hiroshima (Japón).

Durante los primeros meses, tuve la ocasión de tratar bastante con Clara, pues era catequista y pasaba casi todo el día en la casa-misión.

Pronto tuvo que hospitalizarse. Una intensa y creciente anemia le impedía hacer nada. Unas semanas antes de salir de Japón hacia España, para concluir mis estudios, los médicos dieron por fin el terrible diagnóstico: una tuberculosis ósea muy avanzada le había atacado, sobre todo, las primeras vértebras, que unen la cabeza con el tronco del cuerpo. Le enyesaron el cuello para impedirle cualquier movimiento de cabeza.

Y así pasaron tres años...
De repente, a fines de febrero de este año 1955, una carta me trajo desde Japón la gran noticia: <<Clara ha sanado de repente, la Virgen de Lourdes ha hecho con ella un auténtico milagro>>.
En seguida escribí a Clara felicitándola por el favor que la Santísima Virgen le había hecho, y pidiéndole detalles del milagro. Me contestó con una carta larguísima y muy detallada. De ella extracto lo siguiente:
<<Sobre mi enfermedad habitual, comenzó, desde septiembre del año pasado, a descomponérseme el vientre y a no poder tragar la comida. A esto se añadía el dolor cada vez más agudo de la garganta. De hecho, desde mediados de enero apenas si podía comer nada, y tenía que pasar días y días en un forzoso ayuno.>>
En vista de esto, los Padres Misioneros decidieron hacer una novena a la Virgen de Lourdes y pedir agua a Lourdes para lograr mi curación. El agua no llegó a tiempo, nos contentamos solo con la novena.
<<Yo tenía tal fe en que la Virgen me curaría, que tomé la novena más bien como una celebración anticipada del milagro, y así tuve todos esos días la habitación del hospital adornada con flores, lo mismo que la imagen de Nuestra Señora.
Le advierto que yo, hasta ahora, jamás había  pedido ni una sola vez por mi salud: me conformaba con la voluntad de Dios, le ofrecí mis trabajos por la conversión de Rusia y los últimos meses, viendo ya venir muy cerca la muerte, me preparaba intensamente para ella. Esta novena la hice solo para obedecer a los Padres. La hicieron también, al mismo tiempo, todos los cristianos de Hiroshima y muchos de otras misiones cercanas, todos pidiendo mi salud.

Así pasé los tres  primeros días de la novena...
Fué en el cuarto día, cuando, antes de la comunión, de repente, sentí que me decía la Virgen:
-Como tú eres una gran pecadora, te es necesario confesar tus pecados y ser siempre humilde.
 Entonces comprendí yo qué gran pecadora soy, y me entristecí enormemente; pero tomando ánimo le dije:
-Madre, refugio de pecadores ayúdame a salir del pecado.
 Esto se lo dije, casi sin pensar lo que decía.
Entonces Ella me añadió
-Él te concederá la gracia de la completa curación.
Yo no resistía de contenta.
Dos días después, el sexto de la novena, me volvió a decir la Virgen:
-Desde ahora me constituyo tu especial protectora, y en prueba de ello te curo la caries.
Efectivamente, al día siguiente, día 7, me hicieron una nueva radiografía y no apareció el más mínimo rastro de la caries. Los médicos estaban desconcertados.

Sin embargo de estar curada de la caries, como no tenía fuerza ninguna, no podía moverme.

Entonces escribí una carta a los Padres: <<Estoy curada, por eso la Santísima Virgen el día 11 me concederá levantarme.>>
El día 10 despierta hasta muy tarde, pasando casi todo el tiempo rezando el rosario. Antes de dormirme, le dije a la Santísima Virgen:
-Madre, cuando me hagas el milagro de levantarme, despiértame en ese momento, que si no, no se a qué hora exacta me has hecho el milagro.

Cuando me desperté, pensé: éste es sin duda el momento en que la Virgen me concede levantarme. Hago un esfuerzo y noto con asombro que, efectivamente, puedo mover la cabeza; en seguida intenté sentarme en la cama y ví que lo podía hacer también; entonces, llena de contento, sentada como estaba en la cama, recé tres avemarias en acción de gracias.
Tras otro esfuerzo logré saltar de la cama y ponerme de pie en el suelo, aunque mis piernas perecían dos lápices. En seguida me arrodillé en el suelo para dar gracias a la Santísima Virgen. Así estuve unos diez  minutos, después de los cuales, temiendo acatarrarme, me volví a la cama,  siempre dando gracias a la Santísima Virgen.

En mi misma habitación estaba también una vieja pagana. Al ruido que hice cuando me levanté, se despertó, y cuando me vió arrodillada en el suelo, se quedó de una pieza, pues ya le dije antes que llevaba varios años  sin poder moverme absolutamente nada. Cuando le expliqué lo que había pasado, no sabía decir más que:
-¡qué suerte, qué suerte...!
La hora en que la Virgen me curó fueron a las cinco de la mañana. Según las noticias que he ido recibiendo después, el hecho ha causado profunda impresión, no solo en Hiroshima, sino en todo Japón, y ha contribuido a que muchos catecúmenos que estaban dudando en convertirse o no, lo hicieran.

Quiera la Santísima Virgen que este primer milagro que Ella ha hecho en el Japón de los tiempos modernos, sea el comienzo de una gran abundancia de gracias espirituales para la conversión del País del Sol Naciente.                                                              

  José López, S.J. Misionero del Japón

 

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