Virgen María Madre de Dios

Milagro: La Virgen de las lágrimas

Todo el mundo ha oído hablar de la Virgen de Siracusa, que el 29 de agosto de 1953 y los tres días siguientes estuvo derramando lágrimas.

El afluir de peregrinos ha sido incesante: cerca de 70.000 cada día. Antes de terminar el año más de un millón de personas han pasado delante de la imagen milagrosa.
Se trata de una imagen sencilla de yeso, con colores y esmalte, que vulgarmente se conoce con el nombre de <<Ave María>>. Tiene el manto azul pálido, rostro infantil y un corazón rodeado de llamas. Fue un regalo de bodas a Antonia Giusto, casada con el albañil comunista Angel Jannuso. La compró su hermana Gracia Jannuso en una tienda de la calle Umberto, de Siracusa, por 1.500 libras.

Antonia tiene veinte años y vive con su marido en la calle de las  Huertas número 11, en el Barrio de Santa Lucía (Siracusa).

Se encontraba enferma, y desde que iba a ser madre, los ataques epilépticos se repetían con mayor frecuencia. En los momentos de reposo obligado, Antonia se dirigía a la Virgencita, con ese fervor sencillo y humilde de quien pide un favor.

El 29 de agosto, octava de la fiesta del Corazón Inmaculado de María, a las ocho y media de la mañana, comenzaron a bajar las lágrimas de los ojos azules de la Virgen. Antonia había tenido aquella mañana una crisis más grave. Tendida en la cama, miraba a la imagen. Se encontraba mareada. Se nubló la vista. Al reponerse, vio resbalar las lágrimas de la Virgen; dudó si estaba despierta. A su lado se encontraban preocupados por su salud su madre, una tía de su marido y su cuñada, que le habían regalado la imagen. Las tres se echaron a llorar, temiendo que aquello fuera un triste presagio.

Llamaron a prisa a los vecinos. Desde entonces se convirtió para toda Sicilia en la <<casa de las lágrimas>>. La muchedumbre se agolpó a sus puertas. Intervino la policía, que requisó la imagen, devolviéndola aquella misma noche. La imagen seguía llorando. Duraron las lágrimas cinco días más parándose por breves intervalos, como si estuviese cansada.

Se desmontó la imagen y se examinó detenidamente. El fabricante Amilcar Santini. Llamado desde Cecina, pueblo de la Provincia de Pisa, declaró bajo juramento  solemne, haber fabricado la imagen sin trampa. Se hizo el análisis químico de las lágrimas. He aquí el testimonio del doctor Roberto Bertinida:
<<Cuando el P. Bruno, a invitación de la autoridad eclesiástica, pidió el parecer de una comisión de expertos, me encontraba en el laboratorio provincial de higiene y profilaxis. Participé en calidad de químico.

Nos presentamos en la casita de <<Via degli Orti>> con los doctores Cassola, Maletta, Cotzia y el ingeniero Durso. La señora Antonina Hiusto abrió un cajón de la cómoda donde guardaba la imagen. Estaba cubierta con un paño todo empapado. Examiné la efigie y noté que los ojos estaban bañados, y el líquido, deslizándose por el rostro, llenaba el hueco de la mano que sostiene el corazón.

El líquido fue recogido por el doctor Cassola, y yo mismo enjugué la imagen con un algodón. Después de un instante, pude notar teniendo el cuadro en el brazo, que primeramente en el ojo derecho, y después en el izquierdo, aparecía una lágrima. Poco a poco se fueron haciendo mayores. Enjugadas también estas lágrimas, el fenómeno volvió a verificarse al poco tiempo. Fueron estas lágrimas las últimas que fluyeron de la Madonnina. También estas dos últimas gotas las recogió el doctor Cassola, para someterlas al análisis químico.

Desatamos los lazos que tienen sujeta la imagen a la placa negra de mármol, para comprobar de qué materia estaba construida. Es de yeso, tiene poquísimo espesor, y en la parte superior es  cóncava y perfectamente seca.

Sería absurdo pensar en sustancias higroscópicas o en fenómenos de condensación de vapor, teniendo además en cuenta que el líquido derramado en los días anteriores era muy considerable.

Yo mismo he querido probar el prodigioso humor y he tenido la impresión de gustar una lágrima mía>>.
Mientras se obtenía el análisis químico de las lágrimas, la Virgen realizó una serie de prodigios que el pueblo llama milagros, y que serán sometidos a un concienzudo examen teológico por la autoridad eclesiástica para determinar la naturaleza de estos hechos.

En una casa de dos pisos de las proximidades, se encuentra el <<Comité de la Virgen de las lágrimas>>. A él llevan a todos aquellos que dicen haber sido curados por la intervención de la Virgen.

El número de peregrinos de Sicilia y de toda Italia aumenta sin cesar. Hay muchos ciegos que vuelven a ver después de pasar por sus ojos un algodón humedecido en las lágrimas. Paralíticos que andan; enfermos de cáncer y tuberculosis, curados inexplicablemente, y comprobadas sus curaciones por una radiografía. Total, 300 son las primeras curaciones. El primer favorecido fue un obrero: Nuncio Vinci, de Augusta, de cuarenta y nueve años de edad. Padecía desde hacía veintiocho años una grave aetritismo.

Otra de las curaciones tiene especial interés; se trata de <<Miss Comunismo>>, elegida como <<Miss Unitá>> (el periódico comunista italiano), en 1951. Se encontraba enferma de meningitis tuberculosa. Los médicos, después de aplicarle todos los remedios, habían desistido de su curación. Un pedazo pequeño de algodón fue suficiente para curarla.

La Iglesia no tiene prisas en manifestar su juicio. Desde el primer momento, la curia arzobispal de Siracusa nombró a un sacerdote para que estudiase el prodigio y sus recuperaciones. El 3 de septiembre, cuando aún continuaba la lacrimación de la Virgen, Monseñor Baranzini, Arzobispo de Siracusa, en medio del silencio impresionante de la muchedumbre, oró delante de la imagen, la tomó en sus manos y, en presencia del alcalde y de bastantes sacerdotes, pudo constatar personalmente cómo aquellos ojos lloraban con un fluir ininterrumpido. Después rezó en alta voz, y la muchedumbre, emocionada, contestó a sus plegarias.

Ha nombrado una comisión de médicos para examinar las curaciones.

<<La Iglesia-ha dicho-no tiene prisa. Maestra de sabiduría y de prudencia no se declara sino después de un maduro examen.>>

Por fin. Después de bastante tiempo, vino la primera confirmación. Los Obispos de Sicilia reunidos para la acostumbrada conferencia de Bagheria escucharon una amplia información del Arzobispo de Siracusa sobre la lacrimación de la imagen del corazón Inmaculado de María, ocurrida los días 29, 30 y 31 de agosto y el 1 de septiembre. Examinadas atentamente las pruebas y los documentos originales, han concluído este juicio unánime: <<No puede ponerse en duda la realidad de la lacrimación>>.

Hacen votos para que tal manifestación de la Madre celestial excite a todos a una mayor devoción al Corazón Inmaculado de María, y desean que pronto un santuario perpetúe la memoria del prodigio.

Pío XII en el Año Mariano, al dirigirse por radio al pueblo de Sicilia, ha dicho estas significativas palabras:

<<Ahora bien; si tan ardientemente está arraigada la devoción a María en el pueblo de Sicilia, ¿quién podrá maravillarse  de que Ella, según se nos ha referido por nuestros prelados, haya escogido una ilustre ciudad para dispersar en estos últimos tiempos señaladísimas gracias?
Ciertamente esta Sede Apostólica <<no ha manifestado hasta ahora de modo alguno su juicio>> en torno a las lágrimas que se dice brotaron de una imagen suya en una humilde casa de trabajadores; sin embargo, <<no sin viva conmoción>>, tuvimos conocimiento de la unánime declaración del episcopado de Sicilia sobre la realidad de aquel suceso.

Sin duda María es en el cielo  eternamente feliz y no sufre dolor ni tristeza; pero no es insensible, antes bien alienta siempre amor y piedad para el desgraciado género humano, a quien fue dada por Madre, cuando dolorosa y llorando, estaba al pie de la cruz donde pendía su Hijo.

¿Comprenderán los hombres el arcano lenguaje de aquellas lágrimas de María? Eran sobre el Gólgota lágrimas de compasión por Jesús y de tristeza por los pecados del mundo. ¿Llora todavía por las renovadas llagas producidas en el Cuerpo Místico de Jesús? ¿O llora por tantos hijos a quienes el error y la culpa han apagado la vida de la gracia y ofenden gravemente a la Majestad Divina? ¿O son lágrimas de espera por el retorno de otros hijos suyos, un día fieles y hoy arrastrados por falsos encantos entre los enemigos de Dios?

                                                                                                       (Hechos y Dichos, enero 1954, pp.41-46;                                                            Estrella del mar, noviembre 1954, p. 228; Ecclesia, 1954, I, 132;
El mensajero de C: de Jesús. 1954,186.)

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