Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: LA VIRGEN ME SALVO

Era por el año 1.910.

Una joven se siente llamada por Dios al Instituto de María Reparadora.

Su padre, excelente cristiano, no sólo consciente, sino que comprende la gracia de la divina elección. El mismo quiere ir hablar con las Religiosas, para que su hija pueda tener el consuelo de ver pronto realizada su vocación.

La entrevista tuvo lugar en un locutorio del convento de Barcelona.

Pronto la conversación tomo un giro espiritual. ¡Qué bien habla de Dios este hombre!… La Religiosa se siente admirada…

-¿Siempre ha sido usted tan bueno? –le pregunta.

-¿Bueno?... Por bueno me tenían, era muy apreciado de mis amos y de todos, pero…

Y empezó la siguiente relación:

-Una vez… cosas de la juventud y de mis amigos… yo estaba en pecado mortal. Iba a un pueblo con una comisión de mis amos; se desencadenó una tempestad terrible… se hizo de noche, la oscuridad era completa y me perdí.

Vi una lucecita, me dirigí a ella, pedí posada y… me dijeron tenían orden de no recibir a nadie.

Me puse a andar despacio, tropezando, metiéndome en los charcos, sin saber que dirección llevaba.

Entonces me acordé del encargo de mi madre de no dejar nunca las oraciones de la noche. Aunque bien distraído por cierto, empecé a rezar, a invocar a la Virgen.

De pronto siento que me ponen una mano en el pecho para detenerme…
-Ni a oscuras ni con luz puede nadie conmigo-dije al mismo tiempo que intentaba coger a la persona que quería detenerme, sin encontrar más que el vacío.

Quiero seguir, me vuelven a detener, y con un palo que llevaba doy en todas direcciones sin encontrar nada.

Tercera vez quiero echar el paso y me siento detenido con más fuerza; me agacho, cojo una piedra, la tiro y… cae tan hondo, tan hondo, que queda sonando el eco…

Entonces me senté en el suelo recibiendo el agua, y al mismo tiempo una lluvia de gracias en mi alma. Un paso más y… caigo ¡en el infierno!, porque estaba en pecado y me hallaba al borde de un precipicio.

¿Quién me detuvo? La Santísima Virgen, a la que iba rezando, aunque mal.

Allí pasé la noche, dando gracias, haciendo propósitos y, desde entonces, me aparte de los amigos y fuí otro.

Por la mañana vi que, de haber caído, hubieran pasado meses sin que se supiera de mí. Tan hondo era el precipicio.

 MM. Reparadoras. Sevilla.
             (Relación escrita por la misma religiosa
                                que recibió la confidencia.)

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