Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Miliza Korjus

Era una lástima que aquella voz tan limpia se perdiera.

Y para siempre.

Las consultas de los mejores especialistas mexicanos dieron siempre con el mismo fatídico resultado: inmediata operación de la garganta, so pena de complicaciones peligrosas.

-¿Y mi voz?
-Su salud está por encima de todo.
-Así que… ¿no podré cantar en adelante? ¿Pero es que no hay otro medio?
-La operación se impone.

Tal fue el último diagnóstico, que arrancó sin piedad el último rayo de esperanza a la célebre cantante vienesa Miliza Korjus. En la cumbre de su apogeo iba a perder la mitad de su vida: su voz. Esa voz que le había dado tantos triunfos, y que ya solo quedaría en las cintas cinematográficas, “El Gran Vals”.

La gira iniciada en México por 1946 quedaría interrumpida, así como tantos otros contratos pendientes. ¿Qué hacer en aquellas circunstancias?
Humanamente todo estaba perdido.

Entonces fue cuando empezó a cobrar nuevo valor a su mente agitada el recuerdo turístico de los 15000 peregrinos que pasan cada día por la Basílica de Tepeyac. Ella misma, protestante, había presenciado en sus visitas aquel espectáculo, pero admirándolo sólo con ojos turísticos, y como motivo típico. El fervor mariano de aquel abigarrado pueblo la hizo invocar confiadamente a la Virgen de Guadalupe, pidiendo que la cuidase. Llegó el día fijado para la operación. Antes de practicarla, los médicos hicieron rutinariamente el examen previo. La admiración se dibujo en sus rostros. Miraron otra vez y confirmaron atónitos que era verdad.

-Pero, ¿Qué ha hecho usted?
-Tomé las medicinas que me indicaron para prepararme a la operación.
-No. No. ¿Qué ha hecho usted para curarse?
-Le pedí a la Virgen de Guadalupe que me sanara.
-¿Y ha probado ya su voz?
-Pues vea si puede cantar.
-Ustedes me prohibieron que cantara.

La voz de la artista resonó limpia y armoniosa. La examinaron cuidadosamente y la declararon completamente sana.

Al día siguiente una peregrina más se sumaba al río de gente que iba a arrodillarse a los pies de la Virgen de Guadalupe.

Una placa de mármol blanco a parecía, días después, a la entrada de la Sacristía de la Basílica. Decía solamente: “Gracias, Madre mía. Miliza Korjus.”

LA víspera de su vuelta a Europa declaró a un periodista: “Vine protestante y vuelvo católica, porque todo lo que he pedido a la Virgen de Guadalupe me lo ha concedido.”

 

            David Hernández, S.J. San Cugat (Barcelona)

 

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