Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Los enfermos son sus hijos

Corre el año 1061. Nos encontramos en la villa de Bilbao, de donde son vecinos Rodrigo de Nava y María García de Muxica, su esposa; éste matrimonio tiene una hija, Margarita, que se encuentra en cama desde hace nueve años, manca y paralítica. Por sí sola no puede ni moverse.

Sus padres desesperan ya de encontrar remedio para conseguir la curación. Pero ella siempre ha esperado y ahora confía más que nunca en la Virgen de Begoña, de quien es muy devota desde pequeña.

La niña ruega a sus padres la lleven al santuario de la Señora y cuentan que hizo voto de perseverar ante su imagen sagrada nueve días.

La víspera de la Asunción, fiesta principal de la Virgen de Begoña, comienza su promesa. En la noche del 17 de agosto, tercero de la novena, en presencia de la Virgen le sobreviene un sudor copiosísimo por todo el cuerpo, al mismo tiempo que dolores muy agudos la desgarran. Ella persevera en su oración. Está gozosa en medio de su sufrimiento. Es que juzga que así va a obrar la bendita Señora el prodigio.

Amanece; cesan los dolores; el sudor ha desaparecido; llena de alegría y agradecimiento se levanta. Usa de manos y pies con maravillosa agilidad, como si nunca hubiera tenido nada en ellos. Alarga su oración en acción de gracias a la Virgen por un beneficio tan extraordinario, con el corazón lleno de cariño filial a tan buena Madre, la Amatxu de Begoña.

 

              (S. de Echevarría: H.ª del Santuario e Imagen de nuestra Señora de Begoña, p.163.  )

 

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