Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: El salvavidas

<<Esta cosa>> era un rosario, un sencillo rosario negro que está colocado entre un vaso de agua y un frasco.

-Pero, Pillay, yo no he dejado nada. Mi rosario lo llevo siempre en el bolsillo. Mírelo.

Como si nada hubiese oído, siguiendo en su idea, el hombre preguntó con voz irritada:

-¿Quién le ha digo que yo fui católico?

-¿Quién ha sido?... ¿Nadie?

Cada vez más asombrada, la Hermana permaneció allí, sin comprender lo que oía. Pillay continuó:

-Pues bien; sí, he sido católico, pero no volveré a serlo jamás, jamás. Que se le quede esto bien fijo.

Dio media vuelta hacia la pared y cerró los ojos.

La Hermana se retiró en silencio, impresionada. ¿Y quién habría puesto allí el rosario?... Aquella misma noche, terminando el recorrido de las salas, rogó a la Santísima Virgen que velase por todos los pobres enfermos, especialmente por lo más graves… Refugio de los pecadores… Consuelo de los afligidos… Salud de los enfermos… rogad por ellos. Hay pocos que os conocen… rogad por el más ciego, por el más miserable.

A la mañana siguiente pregunta por el enfermo del número 62. La noche la pasó tranquilo, su estado es aún grave. Cuando el capellán fue a visitar a los enfermos cristianos, también tenía marcado el número 62. El sacerdote se aproximó, pero el enfermo, descontento, se volvió al otro lado.

Entonces el Padre se sentó cerca de la cama. Vio el rosario, lo cogió y comenzó a hablar de la Santísima Virgen.

¿Qué sucedió en el alma de aquel desgraciado?

Se conmueve, sus ojos brillan. Por fin cuenta su historia, y quiere que la Hermana esté presente para escucharla.

Había nacido católico y católico había permanecido hasta la muerte de su madre, que le había mantenido por el camino recto. Mas, cuando ella murió prematuramente, él, joven aún, se encontró solo… Se fue a ganar la vida en una fábrica. ¡Ah!, ¡qué lejos estaba de recibir buenos ejemplos! El seguía la corriente… Un día, el rosario de su madre, que, a pesar de todo, guardaba como recuerdo, cayó de su bolsillo. ¡Qué risas! ¡Cuántos comentarios! Lleno de respeto humano, cogió el rosario y, con gesto nervioso, lo tiró al río, que muy cerca de allí pasaba.

Este acto fue como la entrada de Satán en su alma… De caída en caída, ¿Dónde iría a parar?

-Sí, yo tenía el infierno dentro de mí –continuaba el pobre hombre- Así que cuando vi este rosario sobre mi cama, tan parecido al de mi madre, me puse furioso… ¿Quién había dicho mi secreto?

Nadie había dicho el secreto. La mano que colocó allí ese rosario permaneció ignorada. ¿Fue una coincidencia? ¿Una confusión? No tenemos necesidad de saberlo. Lo que importa son los frutos. El viejo rosario arrojado al río se ha convertido en un salvavidas. Cuando iba a ahogarse, lo ha encontrado en sus manos, y agarrado a él, se ha salvado.

 

             (Anales de las Franciscanas Misoonarias de María, sept.-oct. 1954, pp. 69-70. Caso sucedido en el Hospital General de Colombo (Celián), en 1953.)

 

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