Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: ¡Veo!

Un  grito penetrante y agudo, lleno de estridencia por la emoción, interrumpió el rezo de la Comunidad del >>Collegio femminile Archange  Raphael>>, de Acireale (Italia).

-¡Milagro!

La Supervisora, Madre Adalgisa Falleta, dejó caer al suelo sus gafas oscuras, y mientras se frotaba con nerviosismo sus ojos, repetía conmovida:

-¡Veo! ¡Veo! ¡La Virgen me ha curado!

Eran las primeras horas de la madrugada del día 7 de octubre de 1940, festividad de N.ª Sra. Del Rosario.

Un estremecimiento indescriptible sacudió a las monjitas cuando el grito de la Madre Superiora cortó la tradicional >>súplica>> a la Madonna de Pompei (Pompeya) en el preciso momento en que la invocaban con las palabras: <<También hoy esperamos de Ti las gracias esperadas.>>

La Madre Falleta había sido reconocida el día 18 de septiembre por el doctor Aguglia, de Catania, quien después de un segundo reconocimiento, el día 29 de mismo mes, diagnosticó: tumor cerebral, con parálisis total de los músculos en los ojos, proyección: normal de los mismos hacía delante y ceguera completa. El mal era incurable. La enferma, que sufría fuertes dolores de cabeza, pidió a las religiosas que encomendasen su salud a la Virgen del Rosario de Pompeya, venerada en su santuario de Valle di Pompei, fundado en 1873 por el abogado Bartolomé Longo.

Y efectivamente, la Virgen escuchó las oraciones de las monjas dominicas del Sagrado Corazón. Aquel 7 de octubre de 1940 fue la misma  Madre Falleta, quien leyó la oración de acción de gracias con que todos los días terminaban las preces conventuales.

El doctor Eugenio Aguglia, después de reconocer nuevamente a la enferma, cuyos ojos habían vuelto a su estado normal, y no sentía dolor alguno, escribió en su certificado médico: <<…hoy se ha presentado la Madre a mi consulta completamente curada. Tal curación, acaecida repentinamente durante la <<Súplica>> a la Madona de Pompeya, sobre todo por su instantaneidad, no cabe dentro de las leyes naturales de una involución, siempre posible en las enfermedades, aun más graves.

 

             (De N.ª Sra. De Pompeya (ver día 8 mayo y ejemplo).Cfr. Dres. Henri Bon y FranÇois Leurett: Las curaciones mlagrosas modernas, Ed. Fax, Madrid, 1953, p. 55)

 

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