Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Ella vendrá

Un noble polaco, el conde Scholenski, cogido con las armas en la mano en la guerra de Polinia contra Rusia –siglo XIX- fue condenado a muerte.
Al recibir la condesa la noticia, se va al oratorio con su hijo, niño de diez años, y, arrodillándose ante un cuadro de Nª Sra. De los Dolores, le pide;

-Santísima Virgen María, ruega por nosotros, protégenos y sálvanos.

Luego se levantaron Estanislao y su madre. Una secreta esperanza mitigaba su dolor.  La condesa, acompañada de su hijo, se dirige a la cárcel donde estaba encerrado el conde. Gracias a unas monedas al  carcelero, logró penetrar en el calabozo. Tres cuartos de hora después la desgraciada condesa pasaba con el rostro cubierto por delante de los guardias, llevando de la mano de su hijo, que lloraba amargamente. No se abrió la celda al prisionero hasta la tarde, y al hacerlo, el alcalde se encuentra, en vez del sentenciado a muerte, a la condesa, su mujer. El conde Scholenski se había escapado, llevando consigo a París a su hijo.

Pasa un año y medio sin que el conde tenga la menor noticia de la suerte que había corrido su valiente esposa, y a las preguntas de Estanislao, que con frecuencia le decía <<cuándo vuelve mamá>>, sólo respondía con palabras vagas, que disimulaban la inquietud de su corazón.
El niño había sido colocado en un internado dirigido por sacerdotes. Se acercaba el día de su primera comunión, y esto hacía que le preocupase el recuerdo de su madre.

-Quiero -decía a su padre- que venga a mi primera comunión y vendrá.
Estanislao aquella noche escribe a Pedro, un criado de su casa que había quedado en Varsovia, la siguiente carta:

<<Pedro: me querrás decir a  mamá que dentro de un mes voy a hacer la primera comunión, y que de todas maneras ha de asistir a ella. No le escribo, porque interceptan nuestra correspondencia, pero yo cuento con que tú harás todo lo posible para hacerle saber mi deseo. Un abrazo.-Estanislao- Dile a mamá que sigo en el internado, en tal calle.>>

Escrita la carta, pone dentro de ella una estampa de la Virgen para que la haga llegar a su destino. La cierra, la franquea y la lleva a correos.

Aquellos días el conde Scholenski recibía la tarjeta de un desconocido, con esta lacónica frase:

-No queda esperanza alguna; sale para Siberia, resignación.>>

La primera comunión se acercaba. Estanislao, que nada había dicho de la carta nia  su padre ni a sus profesores, contaba los días y las horas y decía: <<Antes de mi primera comunión haré una novena a la Santísima Virgen, y no tendrá más remedio que devolverme  a mi madre.>>

Llegó la víspera. Siguiendo una piadosa costumbre, fueron llamados al colegio los padres, para que bendijesen a sus hijos. Estanislao volvió a contar a su padre los deseos de ver a su madre en al ceremonia de la Primera Comunión <<Esta tarde, después de la confesión, seré puro como los ángeles y pediré a la madre de Dios que me devuelva a la mía esta noche o mañana sin falta.

Dieron las cinco de la tarde. Estanislao se dirigía a la portería, y le encontró uno de los sacerdotes.

-¿A dónde vas?
-A ver si alguien a preguntado por mí.
-¿No vino tu padre esta mañana?
-Sí, señor, pero yo espero otra visita: espero a mamá.
-Tu madre no está en París.
-No importa, vendrá; estoy cierto.
-Vamos, hijo mío, comprendo tus deseos, pero ya ha pasado la hora de las visitas, vuélvete con los demás.

No ir a la portería era para él un gran sacrificio y lo hizo generosamente- <<De todas maneras –pensaba-, en cuento llegue, mi madre me llamará.>>
Dan las seis, las ocho…, los alumnos van a cenar… y suben al dormitorio.

Una mujer, pálida y mal vestida pedía en la portería ver a Estanislao Scholenski. Camino de Siberia, había logrado escaparse y huir disfrazada, sin dinero, hasta París. Estanislao en su carta a Pedro había indicado la dirección del colegio, y por eso la condesa pudo encontrar a su hijo. Al día siguiente se acercaba con él a la Sagrada Comunión.

 

           (C. ARBELOA: Sábados populares, I, 207-213.)

 

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