Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Un escapulario sobre un corazón impenitente

Año 1943. Con otros buques de la escuadra estaba fondeado en Ferrol uno de los destructores tipo <<Alsedo>>. El Comandante del destructor supo que el maquinista suboficial  del buque se encontraba en el Hospital de Marina en gravísimo estado, y sin perder un momento voló junto al enfermo, para visitarle y consolarle. El médico de guardia le informa que no hay solución. Los dos pulmones están ya invadidos, y el desenlace es irremediable.


En la Sala, el Comandante pregunta a la religiosa sobre el estado espiritual del doliente:


-A juzgar por la medalla que cuelga sobre su pecho, parece creyente, pero… se negó rotundamente a confesar.


El comandante le dio a besar el crucifijo, que el enfermo besó por acatamiento del jefe, más que por veneración y afecto a Cristo Crucificado. Le invitó a reconciliarse con Dios, alentándole paternalmente, pero todo fue inútil.


Desvanecida toda esperanza, y ante la fatigosa respiración del enfermo, el Comandante se retiró con pena, dejándole puesto el santo escapulario.


Minutos después volvió, temiendo el desenlace, y al lanzarle el último cabo ante el naufragio que se avecinaba, el maquinista impenitente pidió confesión. El santo escapulario le dio alientos en sus últimos momentos. Terminada la confesión, murió.

 

            (Del discurso del Ilmo. Sr. Rvdo. D. VICENTE VELA. Teniente Vicario de la Armada y Subdirector del Museo de Marina, en el Congreso Carmelitano, mayo 1951.)

 

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