Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Un congregante holandés

No podemos callar la muerte ejemplar de un congregante holandés, que servirá como muestra del heroísmo de tantos otros congregantes, extranjeros y españoles, que lucharon y murieron bajo la protección de la Virgen Inmaculada. Llamábase este holandés Bartolomé Dillimjin, y se había ofrecido ante el altar de la Santísima Virgen de su consagración, en Amsterdam, para luchar en las filas del ejército español contra el comunismo.

      Herido gravemente el día 28 de septiembre de 1938 en el frente de Aragón, las victoriosas fuerzas nacionales pudieron recogerle cuando, ya muerto, con el pecho atravesado por un balazo, todavía tenía su mano la medalla de congregante y el Manual de la Congregación. Entre sus páginas se encontró la siguiente carta:

<<Queridísima madre: Los comunistas han atacado violentamente las posiciones recién conquistadas por nosotros; pero el valor de los españoles es indómito. Quizá esta mañana caiga yo herido de una bala enemiga; pero, ¿qué importa morir cuando se muere por Dios? Para tu consuelo, y porque tal ve ya no pueda verte en esta vida, quiero que sepas, madre mía, que con la ayuda de Jesucristo en la Eucaristía y la protección de María Inmaculada he conservado siempre pura mi conciencia. No recuerdo haber faltado nunca de los preceptos del Decálogo. Adiós. Me acordaré de ti en el cielo.>>

El jefe del Estado besó reverentemente esta carta y estampó su firma al lado de la de este congregante ejemplar y héroe de nuestra guerra.

 

(P. NAZARIO PÉREZ, S.J.: La Inmaculada y España. Santander, 1954, p. 414.)

 

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