Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: ¡Johnie está andando!

Cuando la señora O’Grady, de Largan, Ballaghaderreen, condado de Rosecommon (Irlanda) salió de la consulta del doctor Cohen, con su pequeño John, sintió su pobre corazón de madre, oprimido por la pena y el desaliento.

John, como consecuencia del raquitismo que s ele declaró apenas había comenzado a andar, quedó a los dos años de edad, en 1915, paralítico de las piernas. Hasta los ocho años le habían asistido diversos médicos sin resultado alguno positivo; y ahora, el doctor Cohen había dado su diagnóstico definitivo: ningún tratamiento sería eficaz. Se trata de un caso irremediable. Por eso, la señora O’Grady, al llegar a su casa, después de dejar al niño sobre su cama, pasá a la habitación inmediata y rompió a llorar amargamente.

El señor O’Gray, más animoso que su mujer, decidió llevar a John, en diciembre de 1924, al <<Children’s Hospital>>, de Dublín. Después de ocho meses de tratamiento, los médicos confirmaron el fallo del doctor Cohen. Fue, pues, llevado a su casa, sin ninguna esperanza de mejoría.
John empeoraba. Los huesos de las piernas estaban muy curvadas, y los pies tan deformes, que la planta miraba había atrás.

En 1925, la situación económica de la familia, ya de suyo modesta, se había agravado considerablemente. La señora O’Grady tuvo que empezar a trabajar fuera de casa para poder atender a las necesidades de sus siete hijos, mientras que su marido marchaba a Inglaterra, buscando un destino que le proporcionara mayores ingresos.

El 3 de septiembre, al volver la madre de John de su trabajo, se encontraba terriblemente fatigada por la jornada del día. Pensó no bañar por aquella vez al enfermo, pero recordando que dentro de unos días, el 8 de septiembre se celebraba la Natividad de la Virgen, decidí recurrir a Nuestra Señora de Knock, pidiéndole que curase al pequeño. Animada de su recia y humilde fe irlandesa, preparó el baño, echando en él un poco de agua bendita del santuario mariano de Knock, el más célebre de la Virgen en Irlanda, en un pintoresco pueblecito de la diócesis de Tuam, al oeste del país.

Después de bañar a John, lo acotó, y no se separó de él, hasta que estuvo dormido.

No había pasando una hora cuando la señora O’Grady, que, venciendo el sueño y el cansancio, trajinaba los últimos quehaceres de la casa, se sintió sobrecogida por los gritos de John.

El pequeño daba alaridos, y se retorcía en violentas convulsiones. Toda la familia se arrodilló en torno de la cama y rezó el rosario; después la madre tocó los labios del niño con un crucifijo traído de Knock. John recobró instantáneamente la calma y se durmió profundamente.

A la mañana siguiente la señora O’Grady visitó a John y lo sentó en su silloncito.

Mientras cocinaba el desayuno familiar, los gritos de los hermanitos del enfermo la sobresaltaron: <<¡Mamá, mamá! ¡Johnie está andando! ¡Johnie anda! ¡Johnie anda!>> Y volviéndose, electrizada por la sorpresa y la esperanza, vio a John que entraba en la cocina con los brazos extendidos hacia su madre. La señora O’Grady abrazó con ternura entrañable a su hijo, mientras cubría su cara de besos y lágrimas.

 

(WILIAM COYNE, en su obra Knock Muire (O’Gorman, Galway, 1949) trae, entre otros, el relato de esta curación. Sobre N.ª Sra. De Knock, ver día 21 agosto (su historia). DRES. HENRI BON y FRANÇOIS LEURET: Las curaciones milagrosas modernas, Ed. Fax, Madrid, 1953, p. 51.)

 

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