Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Alentado por María

Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo alentado por María. Al salir el 3 de agosto de 1492 del puerto de Palos en la nave Santa María, había ido a despedirse de Nª.Sra. de la Rábida, <<la Virgen del Descubrimiento de América>>- Es una pequeña imagen de alabastro, de 54 centímetros, que Colón visitó con frecuencia en sus numerosas entrevistas con Fray Juan Pérez, el Prior.

Desde muy joven se había dedicado a la navegación. Con los conocimientos geográficos de entonces estimaba menores las dimensiones de la tierra, y por tanto las costas de Asia descritas por Marco Polo se encontrarían a unas 700 leguas nada más. Colón conocía también una carta de Toscanelli con un mapa aclaratorio sobre este viaje, y fue completando los datos con sus navegaciones. Presenta por fin su proyecto al rey Juan II de Portugal. Una junta de Cosmógrafos lo rechaza, aunque parece que enviaron en secreto una carabela que explorase. Cuando, disgustado, se disponía a ofrecer su proyecto al rey de Inglaterra, conoce en la Rábida a Fray Juan Pérez, que se entusiasma con la idea, y como había sido confesor de la Reina le facilita la entrega en la Corte. Al despedirse parece que le dijo: <<La gracia de Dios esté con Vos y N.ª Sra. De la Rábida os acompañe.>>

Siguen siete años de negociaciones sin éxito, y cuando desanimado piensa marchar a Francia, vuelve a La Rábida, y Fray Juan Pérez le hace desistir, ofreciéndose a intervenir directamente con la Reina <<por el gran deseo que tenía de que esta empresa la lograse España>>.

Por fin, las tres carabelas emprenden la ruta, <<per maria oceana ad partes indiae>>, dice la carta-pasaporte que le dieron los Reyes Católicos. Y Andrés Bernáldez, el Cronista de los Reyes, afirma con ingenuidad que <<lo enviaron en el nombre de Dios Nuestro Señor, e de Nuestra Señora, a descubrir>>.

Todos los historiadores contemporáneos están de acuerdo en subrayar que Colón era <<devotísimo de Nuestra Señora>>. Cambia el nombre de la nave capitana, poniéndole Santa María. En su Diario, con frecuencia escribe: <<Jesús et María sit nobis in via.>> Fray Bartolomé de las Casas, amigo de Colón, atestigua que todos cantaban la Salve Regina, en otras coplas y prosas devotas que contenían alabanzas de Dios y de Nuestra Señora, según la costumbre de los marineros, al menos los de nuestra España, que  con tribulaciones y alegrías suelen decirla>>. Y el Diario de Colón, al hablar de la víspera del descubrimiento dice que a las diez de la noche, <<cuando dijeron la Salve, que la acostumbraban a decir e cantar a su manera todos los marineros, e se hallaban todos, rogó y amonestó el Almirante que hiciesen bien guardia en el castillo de La Pinta señala la primera tierra descubierta una de las islas Bahamas, a la que Colón puso el nombre de San Salvador. Santa María de la Concepción fue la segunda. Bartolomé de las Casas comenta: <<Porque después de Dios a nadie se debe tanto como a la Madre de Dios, y él tenía devoción con su fiesta de la Concepción.>>

El 14 de noviembre por las costas de la Cuba, <<vido tantas islas que no las pudo contar todas… llenas de diversos árboles de mil maneras e infinitas palomas. Le llamó <<Mar de Nuestra Señora>>.

En el viaje de regreso a España, dos tempestades amenazan hundir el barco. Todos imploran la protección de la Virgen y ofrecen peregrinar a sus santuarios. <<El ordenó-escribe en su Diario-que se echase (a suertes) un romero que fuese a Santa María de Guadalupe y llevase un cirio de cinco libias de cera…>> La suerte cayó en Colón, <<y desde luego se tuvo por romero y deudor de ir a cumplir el voto.>> <<Echóse otra vez la suerte para enviar romero a Santa María de Loreto, que es casa donde Nuestra Señora ha hecho y hace grandes milagros.>> <<Después de esto, el Almirante, y toda la gente hicieron voto de, en llegando, ir todos en camisa en procesión, a hacer oración en una iglesia que fuese de la invocación de Nuestra Señora.>>

Tocan en Lisboa y, por fin, el 15 de marzo desembarcan en Palos. Los reyes les llaman y reciben espléndidamente en Barcelona. Colón ofrece el primer oro traído de América a la Virgen, para el artesonado de Santa María la Mayor de Roma. Y todavía en el segundo viaje sigue poniendo nombres de la Virgen a las islas que descubre. El 3 de noviembre de 1493, la segunda y tercera islas en las Antillas: Santa María la Galante (nombre de la nave) y Santa María de Guadalupe, para complacer a los monjes del célebre santuario, <<a los cuales había prometido poner a alguna isla el nombre de su monasterio>>, escribe Fernando Colón, su hijo.

Al desembarcar Colón en la siguiente isla, Santa María de Montserrat, consiguió de su reyezuelo Guacanagari, <<que trajese al cuello una imagen de Nuestra Señora>>.

Era toda una época de honda y sencilla devoción a Nuestra Señora. Los Reyes daban ejemplo. La Real Cédula que confirma a Colón su mayorazgo empezaba con estas palabras: <<En el nombre de Dios Padre, Fijo e Espíritu Santo… e de la Bienaventurada Virgen Gloriosa Nuestra Señora Santa María, su Madre, a quien Nos tenemos por Señora e por abogada de todos nuestros fechos, e a honra e servicio suyo…>>

 

(Fr. JOSÉ COLL: Colón y la Rábia, Madrid, 1892. Diario de Colón, publicado por el C. S. I. C. JULIO F. GUILLÉN: El primer viaje de Colón, Madrid 1943. Fr. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS: Historia de las Indias, t. I, pp.44 y 318, Madrid, 1875; t. II, p. 229, FERNANDO COLÓN: Historia del Almirante de las Indias, Buenos Aires, 1944.)

 

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