Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Cuando América nacía

Si algún paso hay en la conquista de Perú, que pueda compararse <<Noche triste>> de Cortés, es el cerco de Cusco por millares de indios. Fue un desesperado arranque de los Incas para echar de si el mal asentado yugo español. Proverbial se hizo por aquellas tierras el favor de la Virgen con los cristianos.

Dejaremos que nos lo cuente el Padre Acosta por las consideraciones que añade.

<<En la ciudad de Cusco, cuando estuvieron los españoles cercados y en tanto aprieto que sin ayuda del cielo fuera imposible escapar, cuentan personas fidedignas, y yo se lo oí, que echando a los indios fuego arrojadizo sobre el techo de la morada de los españoles, que era donde es ahora la Iglesia mayor, siendo el techo de cierta paja que allí llaman chico, y siendo los hachos de tea muy grandes, jamás prendió ni quemó cosa, porque una señora que estaba en lo alto apagaba el fuego, y esto visiblemente lo vieron los indios y lo dijeron muy admirados.>>

Para agradecer este socorro y aparición de Nuestra Señora, se estableció en el Perú la fiesta del Patrocinio de Nuestra Señora, o la fiesta de la Descensión al Cusco.

Esta gracia de la Santísima Virgen, que Calderón recogió en su comedia <<La Aura en Copacavana>>, nos muestra claramente como sabía Ella, corresponder a la ingenua devoción de los Conquistadores, que la amaban, a pesar de todos sus defectos. Aquellos conquistadores, curtidos por soles de trópico y nieve de los Andes, no desdeñaban de rezar a las Horas de Nuestra Señora (como Pizarro), ni de llevarla impresa en su bandera (Almagro) y regalarle lo mejor de los botines de guerra (Cortés).

 

(Constantino Baile, S.J: Sta. María en Indias.  P. Acostado: Historia de las Indias, 1.V  II, c. XXV II.)

 

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