Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Respetad a mi madre

Fines del siglo XIX. Tenía diecisiete años, y con el rosario en la mano subía de rodillas la cuesta del camino que conduce desde la ciudad de Honfleur al santuario de Nª Sra. De la Gracia.

Cuando llegó arriba, después de haber recorrido cerca de un kilómetro, en aquella actitud penitente, los circunstantes pudieron notar, a través de sus desgarradores pantalones, que tenía las rodillas ensangrentadas, y de esta manera siguió avanzando hasta el pie de la estatua, donde se quedó largo tiempo arrodillado.

Un sacerdote le preguntó por qué había hecho la peregrinación de un modo tan extraño:

-Usted tiene conocimiento del horrible suceso ocurrido ayer en el mar. De tres jóvenes que iban juntos, dos perecieron y uno sólo se ha salvado; éste soy yo. Los tres amigos habíamos sido aprobados en el examen, el día anterior, para tener el grado de bachiller; juntos celebramos nuestro éxito, y para coronar de un modo más agradable el día, resolvimos dar un paseo en bote por la bahía. El mar estaba agitado y había mucha marejada. El piloto nos advirtió que podíamos correr peligro, pero no nos intimidó y pasamos adelante.

Entre el balanceo que las olas imprimían al bote, íbamos cantando y divirtiéndonos. Uno de mis amigos pronunció algunas frases poco honestas, y luego, en la conversación, se mezclaron algunas chanzas sobre la Santísima Virgen. Yo protesté en el acto:

-Amigos -les dije-, riamos y divirtámonos, pero respetad a mi madre.

Todavía no acababa de decir la frase cuando una ola volcó nuestra frágil barquichuela, y ninguno de los tres sabíamos nadar. Mis dos compañeros se ahogaron; sólo yo me salvé y atribuyo mi salvación a la Virgen, a quien acababa de defender. Vengo de rodillas a darle gracias, porque la muerte me habría encontrado mal dispuesto.

 

             (Reina y Madre. Edelvives. Zaragoza, 1954, p. 53.)

 

Puedes leer más milagros AQUI

Puedes ver vídeos de milagros AQUI

 

 

de CatholicosOnline