Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Descendiente de mártires

Dos años después de haber descubierto Monseñor Petitjean, en Nagasaki los descendientes de los mártires japoneses del siglo XVI y XVII, en la primavera de 1867, otra furiosa persecución se desencadenó de nuevo contra los heroicos descendientes de los cristianos, bautizados por San Francisco Javier. El siguiente episodio nos lo cuenta el P. Villión, testigo presencial:

     <<Después de tales golpes, se nos concedió relativa calma en 1869, al menos en las cristiandades vecinas a Nagazaki. Las del archipiélago de Goto (un poco más distantes: 25 leguas), eran recorridas por espías de perseguidores. En el sur de Goto se hicieron arrestos y hasta se empeló la tortura. Yo, con mis propias manos, curé las llagas que aún llevaba en las piernas el humilde José Isburó (el <<virgen y mártir>>, como le apodamos amistosamente), al volver a la prisión, después del tormento donde fue estirado y bárbaramente desollado. Le habían cogido las piernas entre dos vigas fuertemente apretadas, abriéndole profundas llagas que yo después curé y veneré, hasta que se logró hacerle escapar y huir en un barco a Nagasaki.

     Después de sus torturas, este bravo japonés de apenas dieciocho años, quedó agotado y a punto de morir. Uno de sus hermanos vino secretamente a verle como para darle el último adiós: <<No llores –le dijo-. Mira, esta noche he visto una Señora muy bella, que me ha sonreído y me ha asegurado que dentro de tres días yo podré andar.>> A los tres días, efectivamente, se levantó, tal como lo había anunciado. No diré yo si realmente fue o no esto milagro; pero sí que nuestra convicción era que él vio a la Santísima Virgen.>>

 

             (AMADO VILLIÓN: Cincuenta años por el Japón. Trad. Moisés Domenzain, S.J. Madrid, 1936)

 

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