Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Lágrimas que curan

En la plaza de Eurípides, de Siracusa, se postró ante la Señora, con toda su familia, Nunziatina Tovato, de catorce años, vecina de Giarre, a quien la parálisis infantil dejó mal trecha y tenía que caminar con un molesto aparato ortopédico en ambas piernas.

     Vino aquí y rogó a la Madonna. Y, de pronto, a las ocho de la mañana del 11 de septiembre de 1953, Nunziata comenzó a andar sola, sin los aparatos ortopédicos, sin ayuda de muletas, sin ser socorrida por sus familiares.

    Otra pequeña, Enza Moncada, de tres años y medio, cuyo cuerpo estaba atenazado por la parálisis, tiene también que agradecer a la Señora. Su madre la llevó en brazos a la calle de los Huertos, luchando por atravesar la muralla humana que cerraba el acceso a la casa del profesor Lucca. Estaba allí la Madonna. Ya no lloraba, peor todos la aclamaban, todos le pedían gracias. Mediodía del 6 de septiembre de 1953. A la puerta de la casa, el brigada Umberto Ferrigno, de la Policía del Estado, le impide el acceso.

     -Déjeme entrar, señor brigada –clama la angustiada madre.
     -Imposible, señora. Solamente los enfermos, los paralíticos…
     -Mi hija tiene paralítica la mano.
     El brigada duda. Al fin, decide.
     -Bueno, pase usted con la niña.
     El brigada retorna a la puerta, donde son necesarios sus servicios. Al poco rato llega hasta él un grito emocionado.
     -¡Viva María! ¡Milagro!

     Corre a la habitación y ve a la pequeña, alzada en brazos de su madre, que, estremecida y temblorosa, saluda a la Virgen con su manecita, antes inmóvil.

    Los médicos se encargaron después de atestiguar científicamente la curación. 

 

              ( ANTONIO ORTIZ MUÑOZ: La Virgen ha llorado en Siracusa. Madrid, 1954. Pp. 68-70.)

 

Puedes leer más milagros AQUI

Puedes ver vídeos de milagros AQUI

 

 

de CatholicosOnline