Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Una vida entre dos rosarios

Dos escenas sirven de marco a la vida profundamente mariana del Padre Muard, fundador de Santa María de la Pierre-qui-Vire: su primero y su último rosario.

     El primer hecho sucedía en 1817. Tenía 17 años de edad. Sus  compañeros de clase, dándose cuanta un día  que ocultaba un objeto, al acercarse ellos, se lo cuentan a su madre. Esta registra al niño y encuentra una tablilla de madera de ocho a diez centímetros de longitud, en la que podían contarse diez muescas hechas con un cuchillo. El niño se vio obligado a confesar que se servía de esta nueva especie de rosario para rezar sus devociones a María.

     La Santísima Virgen llenó su vida espiritual. Un día le pidió a la Señora la gracia de amar a Jesucristo como Ella. Una voz interior le hizo comprender que la Virgen le había escuchado y alcanzaría de su Hijo aquella gracia.

     En el Seminario Menor había fundado una congregación de la Virgen bajo los auspicios de María. Y siendo Párroco, sus fieles decían de él: “Es prodigioso como el Párroco ama a la Santísima Virgen.”

     Lo que le detuvo en la soledad de la Pierre-qui-Vire, no fue el dolmen que lleva este nombre, sino la fuente de Santa María. Este nombre fue para él la luz que iluminó su vida: al llegar allí se puso de rodillas y dio gracias a Dios por haberle mostrado el sitio que deseaba la Virgen para el monasterio. Puede con toda verdad decirse que la Señora presidirá la fundación de la gran abadía. La fundación oficial tuvo lugar el 2 de julio de 1850, día de la Visitación. Por primera vez se celebró la Santa Misa en aquella soledad, y el monasterio se puso bajo el patrocinio de María.

     La Providencia permitió que un conjunto de circunstancias hicieran posible al P.Muard la erección de una imagen sobre la misma roca llamada la Pierre-qui-Vire (la piedra que gira). El 27 de septiembre de 1853, rodeado de varios centenares de sacerdotes y miles de fieles de todas las diócesis circunvecinas, el P.Muard erigía una estatua a Nuestra Señora: Santa María de la Pierre-qui-Vire.

     La mañana del domingo de la Santísima Trinidad, 11 de junio de 1854, pocos días antes de su muerte, después de celebrar la Santa Misa, sale el Padre Muard al jardín del convento de las Hermanas de Sainte Colombe-les-Sens para rezar el breviario. Al pasar por delante de una imagen de María, interrumpe su rezo, sintiéndose como obligado a invocarla. El Abad se arrodilla y recuerda a su buena Madre la promesa que Ella le había hecho de amar a Jesucristo como él deseaba. Entonces, como entrando en éxtasis se le cae el breviario de las manos, y su mirada se fija en la imagen, le parece que se anima y pronuncia estas palabras:

     -Pronto, muy pronto se verán colmados tus deseos.

     El 13 volvía el venerado Abad a su abadía. Ocho días después aquellos inefables momentos de intimidad con la Virgen veía cumplidos sus deseos. Amar a Jesús, pero amarle  con el propio amor de la Virgen Madre. Así se lo había pedido a Ella e incluso había rogado a sus monjes que le alcanzaran con sus oraciones esta gracia de la Señora.

     Su último rosario tiene lugar la tarde del 19 de junio de 1854. El P. Muard ha entrado en la agonía. Apenas tiene cuarenta y cinco años.

     Un monje que está a su cabecera hace mención casualmente del rosario, y el enfermo, sobresaltado, exclama:

     -¡No he rezado todavía hoy mi rosario!

     Se le propone que ya se rezará por él.

     -Eso no –dice-, también yo quiero rezarlo.


    Intenta hacerlo, pero en vano: su lengua está entorpecida, no puede sino producir sonidos inarticulados. De pronto, con la admiración de los circunstantes, a la primera Avemaría, hace un esfuerzo supremo y llega a recitarla con suma facilidad y soltura.


     -Ya he encontrado el secreto –dice según su expresión familiar, que repetía muchas veces; y pudo continuar el rosario con gran devoción.

      Terminada la última Avemaría, se dormía en el Señor.

 

               (P. Bernard, O.S.B.: La devotion Mariale dans  l¡Ordre de Saint-Benoit. Bulletin de la société d’Etudes Mariales, 1937. París, 1938, pp. 93-133, D. Huerre, O.S.B.: Jean Baptiste Muard, Fondateur de la Pierre-qui-Vire, 1950.))

 

 

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