Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: ¡Aquel rosario… golpeó mi corazón!

<<Fue allá en mis años jóvenes. En uno de mis viajes por Inglaterra, mi estancia en Glasgow coincidió con los días del martirio del P. Juan Ogilvie. Asistí a la ejecución por curiosidad, pues entonces era un joven calvinista y, como es natural, no tenía ninguna simpatía por los católicos.>>

El Barón de Ekersdorff, hombre ya anciano, calló un momento.

El P.Boleslao Balbino, S. I., seguía con respeto e interés aquel momento íntimo y sincero. Después, el Barón siguió:

<<Avanzando entre la muchedumbre, llegué hasta la escalera del cadalso. El P. Ogilvie me impresionó por el noble aspecto y santo orgullo con que fue a la muerte. El mártir, antes de subir las escaleras del patíbulo, como último adiós a los católicos allí presentes, lanzó su Rosario, y en su caída chocó contra mi pecho. Intenté apoderarme de él, pero no pude. Los católicos se precipitaron impetuosamente sobre mí y me lo arrebataron. El golpe del Rosario en el pecho parecía haberme dado en el alma. Perdí la paz y el sosiego. Ni el tiempo ni los muchos viajes pudieron borrar el recuerdo de aquel golpe. La paz y el sosiego no volvían. Una pregunta constante me molestaba. ¿Por qué cayó sobre mí y no sobre otro? Por fin, fui vencido por esta voz de mi conciencia. Abjuré el calvinismo y me hice católico.>>

El Barón de Ekersdoff calló un momento. El P.Boleslao preguntó  interesado:

-¿Sabe usted dónde está ese Rosario?

El Barón respondió:

-¡Si lo supiese! … daría cualquier cosa que me pidieran para conseguirlo, pues a este Rosario de la Virgen debo mi conversión.

 

               (A. DRIVE: María y la compañía de Jesús. Tortosa, 1916, c. V, p. 148.)

 

 

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