Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Cuando la Virgen lo quiere

 

En la capilla de las Siervas del Evangelio, de Granada, hay una imagen de la Señora de Fátima que las religiosas miran con amor y agradecimiento… Esta Virgencita blanca les trae a la memoria un recuerdo dulcísimo: el amor tierno y maternal de la Madre del cielo, que hizo fuerza a su Hijo para otorgar lo que se le pedía con tanta fe.


    El día 3 de octubre de 1949, a las once de la mañana, comienza a celebrar el excelentísimo y reverendísimo señor Arzobispo de Granada, don Balbino Santos y Olivera, una solemne Misa de enfermos, ante el altar de la Virgen de Fátima.


      Es una imagen traída de Portugal, para el pueblo de Berja, que es recibida con entusiasmo por el pueblo granadino.


     La misa se celebra en el paseo de la Bomba y en el altar improvisado se halla la imagen de la Señora, centro de todas las miradas.


     A continuación de las gradas están las autoridades, y en seguida una larguísima fila de enfermos en sus camillas o carritos.


     En la primera camilla de la fila de la derecha se halla tendida una religiosa: es la reverendísima Madre María de Nazaret Emmanuel, Cofundadora y Superiora General del Instituto de Siervas del Evangelio: Se halla enferma de una lesión en la columna vertebral, y juntamente una tromboflebitis aguda en la pierna izquierda.


     Su estado es muy grave y de incesantes sufrimientos.


     Fue operada en el mes de enero de aquel mismo año de la columna vertebral por el eminente cirujano doctor Yruegas; pero Dios no quiso curarla, sino que al mes de la operación sobrevino la flebitis, y con ella el aumento de sus dolores.


     Los médicos aconsejaron una nueva operación, aún más seria, cuando sus fuerzas físicas lo permitan.


     Pero la reverenda Madre quiso poner su confianza en el cielo, y por eso ha acudido a la misa de enfermos, para pedir a la Virgen milagrosa de Fátima su curación, si conviene para Gloria de Dios.


     Empieza el Santo Sacrificio. La Reverenda Madre se abstrae de cuanto la rodea para seguir la misa que hace ya diez meses no pudo oír.


     Llega el momento más solemne de la Consagración. Las religiosas que están a su lado observan que la Madre ha hecho un movimiento con la pierna enferma, que no podía en absoluto mover, y en voz baja le preguntan:


     -¿Madre, es que está curada?


     Y la respuesta, con el mismo tono de voz:
     -Creo que sí. Pero recen a la Virgen.


  Mientras la plegaria se hace más intensa, con emoción y agradecimiento a la Virgen, la enferma observa la desaparición repentina y completa de los dolores que padecía, los que la habían obligado a una total inmovilización.

     Momentos después de la Elevación, la Madre se incorpora de la cama, y sentada en ella, hacia el altar, termina oír la Santa Misa, mientras a la vista de los circunstantes, algunos de ellos médicos, se observa que el pie enfermo va recuperando su color y baja rápidamente la inflamación hasta quedar normal; al mismo tiempo que la multitud, notando lo ocurrido grita llena de emoción: ¡Milagro!

 

              Siervas del Evangelio. Granada.

 

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