Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: ESTA MEDALLA ME HA CONVERTIDO

En el mes de noviembre de 1895 llegó al Hospital de Almería don Octavio Fábregas. Una nueva esperanza renació en la Comunidad de las Hermanas de la Caridad que atendían aquel Hospital.

Era la tercera vez que don Octavio ingresaba en el Hospital. Más de una vez se le vió marchar del establecimiento la víspera del día en que habían de recibir los enfermos el Santísimo Sacramento.

Se acercaba el día 27, fiesta de la manifestación de la Medalla Milagrosa. El enfermo, sin duda, ignoraba que aquel día acostumbran a recibir la Sagrada Comunión.

Invitados los enfermos, todos accedieron. Sólo don Octavio se negó:

-Yo no estoy para semejante cosa.-decía.

La Hermana que cuidaba de la Sala se lo ruega. Todo inútil. El enfermo contesta con ultrajes a sus palabras bondadosas.

-Siquiera-dícele la buena Hermana-, póngase al cuello esta medalla.

-¡Ah! Tráela-dice con sonrisa burlona-. La meteré en la petaca. Respecto a la confesión, no se canse…, hace treinta y cinco años que no lo hago y me ha ido muy bien.

A pesar de todo la Hermana no desiste. Repetidas veces le hace la misma súplica, hasta que logra al fin que se ponga la medalla.

Al poco tiempo de llevarla puesta, sintió don Octavio agudos remordimientos: era la Virgen que le llamaba a penitencia.

Como si le faltase tiempo, llama a la Hermana. Viendo que ésta tarda en venir, pide por favor que alguien vaya en busca del capellán.

-¡Quiero confesarme! ¡Quiero confesarme!-dice.

Después de la confesión decía a todo el que se le acercaba:

-¡Me he confesado! ¡He estado más de dos horas! Hacía treinta y cinco años que no practicaba ninguna religión. Esta medalla me ha convertido.

 

                              (P. Hilario Orzanco: Mes de la Virgen Milagrosa, 2.ª ed., p, 239.)

 

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