Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Por unos segundos…

Nada parecía turbar la paz de aquel 18 de julio de 1936, en Valladolid. Ni siquiera un vendedor de periódicos, ni una lechera con su borriquillo en el silencio de la plazoleta gris.

A eso de las diez hizo su aparición en la plaza un escuadrón de caballería. El sol hería los cascos de los soldados. Los caballos piafaban inquietos…
¿Qué iba a suceder?

Mi madre estaba en la alcoba contigua haciendo la limpieza. Alegraba el trabajo con el canto. Oí la voz de mi padre que la llamaba:

-Carmen, ¿dónde estás?

-Aquí estoy, ¿qué quieres?

-Ven un momento.

-¿Para qué?

-Ven un momento,  haz el favor.

Mi madre abandonó sus labores y fue a donde estaba mi padre.

En aquel momento se oyó una explosión formidable.

Todos corremos hacia la alcoba, en la que un minuto antes se encontraba mi madre. Estaba llena de polvo.

¿Qué había pasado?

Por lo visto había comenzado un tiroteo y nos habían metido una bala por el balcón.  En la pared se abría un boquete como un puño.

Mi padre hurgó con la navaja y extrajo una bala retorcida y todavía caliente.

Pensé en mi madre. Su vida había estado pendiente de unos instantes. Con toda seguridad la bala hubiera perforado su cabeza.

Dos días antes, el 16 de julio, habíamos colocado en el comedor una imagen de N.ª  Sra. del Carmen, para que presidiera nuestros actos y nos bendijera.

Mi madre del cielo fue, sin duda, la que salvó la vida a mi madre de la tierra.

          J.I.R. (PP. Jesuitas- Salamanca)

 

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