Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: La factura del hotel

Cinco años después de mi ordenación me hallaba estudiando filosofía en la Universidad de Lovaina en Bélgica. Deseaba ir a Lourdes para celebrar el quinto aniversario de mi sacerdocio.

En aquel entonces tenía yo el dinero justo para llegar a Lourdes, pero no para vivir ni un solo día allí. Le pedí dinero a mi hermano, que estudiaba medicina en la misma universidad. Pero, como buen estudiante, mi hermano no tenía un céntimo.

Entonces reflexioné y me dije: <<Si tengo suficiente fe para ir a Lourdes a celebrar el quinto aniversario de mi ordenación sacerdotal, ya se  encargará mi Santísima madre de sacarme de allí.>>

Fui a Lourdes y llegué en completa bancarrota. Volví a meditar y llegué a la conclusión de que si la Santísima Virgen había de pagarme la factura del hotel, lo mismo la pagaría si era elevada que si era reducida.

Me hospedé en el mejor hotel de Lourdes. Comparado con los nuestros era de segunda categoría, pero en Lourdes era el mejor.

Al quinto día recibí la cuenta. Empecé a tener vagos presentimientos de gendarmes y cárceles, pero los deseché pensando que la novena que estaba haciendo requería nueve días de oración.

Por la mañana del noveno día me dirigí al santuario.

Nada ocurrió. Nada ocurrió tampoco aquel mediodía ni aquella tarde.

El asunto empezaba a ponerse serio. Decidí dar otra oportunidad a la Santísima Virgen.

A eso de las diez y media de la noche me encaminé una vez más a la gruta. Estaba rezando el rosario cuando un corpulento caballero se me acercó, y, dándome un golpecito en el hombro me dijo:

-¿Es usted americano, Padre? ¿Habla usted francés? ¿Conoce usted París? Yo soy Mr…, de Nueva York. Le presento a mi esposa, a mi hijo y mi hija.

Regresamos juntos al hotel.

-Nos gustaría que viniese usted con nosotros a París mañana y nos hiciese de intérprete –me dijo, y añadió:

-¿Ha pagado usted la cuenta del hotel?

Era la pregunta más interesante que había oído en toda mi vida. Le entregué apresuradamente la factura.

Fuimos a París y permanecimos allí una semana, al cabo de la cual mi protector me dijo:

-Le daré mi dirección en Nueva York. ¿Tiene usted inconveniente en que se la ponga al pie de un cheque?

-Ninguno –le contesté-

En resumidas cuentas, regresé a Lovaina con mucho más de lo que tenía al salir de allí. Desde entonces hemos vuelto juntos a Lourdes en dos ocasiones, para dar gracias a la Celestial Señora por habernos presentado.

 

          (MONS. FULTON J.SHEEN: La vida merece vivirse. 2.ª serie. Juan Flors. Barcelona, 1955, pp. 215-217.)

 

Puedes leer más milagros AQUI

Puedes ver vídeos de milagros AQUI

 

 

de CatholicosOnline