Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: María y Rusia

¿Se ha extinguido en la Rusia actual el amor a la Virgen Theotokos?

Los soldados de la División Azul, que entraron en Rusia en la pasada guerra, aseguran que los campesinos rusos les mostraban espontáneamente los hermosos iconos de la Virgen que guardaban en sus chozas.

Más recientemente los repatriados españoles cuentan que muchos de los rusos de los campos de concentración le mostraron las medallas de la Virgen que llevaban al cuello.

Hasta nosotros ha llegado una fotografía tomada por Richard Elden en su viaje por Rusia. En la capilla de la aldea Matsketa aparece un grupo de mujeres orando ante dos retablos, uno de una Virgen oriental y otro del Sagrado Corazón. LA pobre capilla empezaba a derruirse. Parece que existen aldeas  junto al Mar Ártico donde se toca diariamente para la oración, y donde se conserva la fe admirablemente, gracias a los catequistas.

Mr. Fittkau cuenta que en los campos de concentración se Siberia los prisioneros hacen rosarios de pan o de hilos de hierro de diez nudos. <<Un día de mayo –el 1, día del Trabajo-, mientras los oficiales celebraban la gran fiesta de la clase obrera, recitaba mi rosario. Salí de la barraca con la esperanza de hallarme solo un instante. El día había sido hermoso. La noche estaba clara… Marchaba lentamente. Vi un gran número de prisioneros sentados a solas, meditando o rezando. Mientras pasaba delante de la enfermería y de la sección de las mujeres, oí sus voces que cantaban en alemán a N.ª Sra de Misericordia. Me uní de corazón a esta súplica. Prometí que si era voluntad de Dios que yo sobreviviera, haría conocer el misterio de su amor.>>

Una anécdota más narrada por quien la presenció en un campo de concentración de Rusia. Entre los prisioneros había un capuchino italiano. Llevaba nueve años recluido en un húmedo calabozo. Solamente le permitían veinte minutos de paseo por el patio cada día.

-Padre -le preguntó un día uno de los prisioneros-, ¿qué hace allí solo tanto tiempo?

-Hijo mío –le contestó sonriendo-, si no estoy solo… Conmigo están Jesús y la Madonna… con ellos tengo continuos coloquios…

 

             (FRANCISCO ZULOAGA, S.L: Luz (Lima-Perú) 1954, pp. 27 ss.)

 

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de CatholicosOnline