Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Maria Goretti

Fue en las primeras horas de la tarde del 5 de julio del 1902. Alejandro Serenelli había premeditado seriamente su crimen. Se había procurado una especie de puñal de 24 centímetros, muy afilado. Si María se obstinaba en su negativa, se vengaría matándola.

La casa estaba desierta. María Goretti cosía y tenía al lado a su hermana Teresita, de dos años, dormida sobre una manta.

Alejandro sube las escaleras: deja a mano el hierro, sobre un arcón de la cocina. Luego abre la puerta y llama.

-María, ven adentro.

-¿Para qué? ¿Qué quieres?

-Tú ven dentro.

-Dime primero lo que quieres; sino, no voy.

El joven sale, coge brutalmente a la niña, la arrastra al interior de la casa y cierra la puerta.

Ella, con energía, repite:

-No, no, no. Dios no quiere. ¿Qué haces? Tú vas al infierno.

Alejandro la amordaza con un pañuelo, pero María no cede y él no puede conseguir nada.

Al cabo de unos minutos, ciego de rabia, toma el puñal y empieza a descargar golpes sobre la niña. El vientre queda desgarrado por espantosas heridas, que dejan al aire los intestinos.

María Goretti sigue firme en su heroico <<no>>, y más que evitare las puñaladas, se preocupa de cubrir su cuerpo con los girones del vestido desgarrado.

-Dios… Me muero… ¡Madre!... –dice en tierra, cubierta de sangre.

Alejandro la deja y se retira a su habitación; todavía tiene fuerza la pobre niña, para arrastrarse hasta la puerta, abrirla y decir al padre de Alejandro:
-Juan, ven arriba, que Alejandro me ha matado.

La sencilla muchacha se encontró, sola, frente al enemigo, sin defensa terrena. María se jugaba en tal trance la muerte o la pureza de su alma y de su cuerpo. Sola ante Alejandro, la niña acudió a su Madre del cielo. Era para ella natural buscar tal amparo. Nos lo dice su misma madre: <<Desde niña se había acostumbrado a acudir con todos sus pequeños problemas a la Virgen Santísima…>>

Mas en esta ocasión, en la que necesitaba una fuerza heroica, una gracia de mártir, intensificó su petición en demanda de auxilio a la Virgen sin mancha, y echó mano de su arma…, pues desde el día en que Alejandro le habló, <<tenía siempre el rosario en la mano y no lo dejaba más que cuando tenía que trabajar>>. Es confesión del mismo Serenelli, el asesino arrepentido, que, en cuanto le era posible, no la perdía de vista.

Goretti buscaba un refugio en donde defenderse y espontáneamente acudió al rosario… ¡Precisamente al rosario! Sí, era el impulso del hábito quien la conducía a ello. Goretti era un alma del rosario. El rosario era para ella algo connatural: era como el suspiro, el habla de una hija cuando se dirige a su Madre. Su misma madre lo testificó: <<El Rosario llegó a convertirse en una especie de necesidad para ella>>; y al rosario rezado cada día en familia, añadía otra parte para satisfacer su devoción.

El rosario, en cuyos misterios había meditado tantas veces la pureza de la Virgen Inmaculada, fue quien le proporcionó la gracia de la heroicidad.

  Rosario que ni en el sepulcro ha abandonado, ya que lo tiene asido a su mano derecha, como el arma con la que consiguió la victoria.

En el delirio, poco antes de su muerte, creyéndose todavía en el suelo donde fue herida, dice:

-Llevadme en la cama, porque quiero estar más cerca de Nuestra Señora.

Recibe la medalla de Hija de María, la besa sonriente y muere con los ojos fijos en un cuadro de la Virgen, mientras repite varias veces con plena lucidez:

-Nuestra Señora me espera, Nuestra Señora me espera.

 

              (JOSÉ M.ª DÍEZ ALEGRÍA: Sta. María Goretti. Madrid, Ap, Prensa, 3.ª ed., 1953, pp. 101-104 y 115-124.- Cruzada del Rosario, noviembre 1951.)

 

Puedes leer más milagros AQUI

Puedes ver vídeos de milagros AQUI

 

 

de CatholicosOnline