Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Pero ella le esperaba

El ejemplo que contaba les impresionó.

Don Luis Osborne, frente a mí, ha dejado suavemente la tacita sobre el plato con la pequeña servilleta en su mano, y fija en mío su mirada franca.

-Ciertamente es algo que dice mucho. Nos olvidamos de que Ella es Madre.

Se hace un momento de silencio.

-No hace mucho .dice don Luis con lenguaje lento, como recordando- era sueco; su nombre, Juan Hoèk; tenía la desgracia de ser protestante. Vivía poco en estas tierras andaluzas. Su oficio le llevaba al extranjero. Uno de los tantos…, peor la Virgen lo quería, era su hijo –aunque él parecía ignorarlo-. Llevaba su imagen… Se la dio la buena Marquesa. Era representante… y su estancia junto a las bodegas, corta.

…Pero Ella le esperaba.

Ya estaba cercano a la muerte. La eternidad se acercaba por momentos. Unas horas y ya el tiempo no contaría para él.

Usted sabe que los Domecq son ante todo católicos; les interesaba algo en aquel hombre… su salvación. Pero quien se decidiría a abordar el tema… Los protestantes son reacios, han vivido sin Madre…

La Virgen lo hizo. Aquella anciana venerable, la señora Marquesa… tenía confianza… ¡la Madre lo haría!

Se acercó al lecho le habló con esa ternura, que la Virgen sabe inspirar a las almas buenas…

¡Aquella estampa hace veinticinco años… ¡Yo no sé qué pasó! El hecho es que aquel hombre abrió su corazón a la gracia. Entró en la Iglesia Católica. Recibió a Nuestro Señor, y al día siguiente salió plácidamente hacia otra vida.

Le asistió el cura de San Pedro.

Don Luis calló. Sus ojos apacibles buscaron algo allá lejos…

Yo sonrío un momento.

-¡Sí, ella siempre es Madre!

 

             EDUARDO M. FDEZ.-FÍGARES. S.I

 

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