Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Un puñal en la mezquita

Una tarde de diciembre de 1490 –quizá la tarde de la Inmaculada-, Hernán Pérez del Pulgar, <<el de las Hazañas>>, delante de una imagen de la Virgen hace: <<voto solemne de entrar dentro de Granada, poner fuego a su Alcaicería y tomar posesión de su Mezquita Mayor, para la Iglesia Mayor, en que se celebrará el nombre santo de la siempre Inmaculada María, Señora nuestra y Madre de Jesucristo, nuestro Redentor>>. Este voto lo hizo estando en el asedio del reino moro de Granada por los Reyes católicos, en el altar de Santa María de la Encarnación, que acababa de erigir el Marqués de Cádiz, en Alhama.

Para cumplirlo, la noche del 17 del mismo mes, con otros 15 valientes entre amigos y escuderos, se deslizó cautelosamente por el lecho del Genil, hasta llegar a la capital mora.

Sin ser sentido de los centinelas, penetra con seis compañeros, dejando a los otros de guardia, y llega hasta las puertas de la mezquita. Son las doce de la noche cuando Pulgar clava en las puertas del templo mahometano un puñal, del cual pende un pergamino con cintas rojas y verdes, y en él el santo nombre María. Cuentan que se arrodillaron todos y rezan en Avemaría. Padrenuestro, Salve y Credo. Y después, a la luz del hacha con que pensaban prender fuego a Granada, lee Pulgar en voz baja, pero firme lo que debajo del Avemaría estaba escrito en el pergamino:

<<Yo, Hermano del Pulgar, Alcaide de la fortaleza del Salar, por los señores reyes don Fernando y doña Isabel, en su nombre y para su real servicio, tomo posesión de esta ciudad de Granada, y de ésta su Mezquita Mayor de Mahoma, para que sea Iglesia en que se venere el nombre santo de nuestro verdadero Dios y de Jesucristo, su Hijo verdadero Dios y hombre, y de su bendita Madre, siempre Inmaculada Virgen María Señora Nuestra.>>

No llegaron a prender fuego a la ciudad por el descuido de uno de los compañeros que puso en alarma a los moros. Se armó un gran alboroto y no fue pequeña gracia de la Virgen que pudieran salir libres de la ciudad y llegar a Alhama. Allí, en la mezquita, quedó el nombre de María como un presagio de la próxima conquista.

 

             (H. M., vol. II, p.158; MARTÍNEZ DE LA ROSA: Vida de Hernán Pérez del Pulgar.)

 

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