Virgen María Madre de Dios

 

Milagro: Sin remedio humano

-No tiene remedio. Esta niña está muy débil y no resistirá el tratamiento que es necesario.

Esto es lo que el doctor Flandrín dijo después de haber reconocido a la niña Zenobia, de quince meses de edad.

La hermana mayor quería ingresar en una Orden religiosa, pero temía insinuar algo a sus padres de su vocación. Veía que estaban preocupados por causa de la enfermedad de su hermanita. Por esto prometió que haría todo lo posible realizar su vocación si la niña curaba.

El doctor Flandrín repetía.

-Es mejor que no cure. De lo contrario quedaría ciega, paralítica e imbécil.
A pesar de todo, el 15 de diciembre de 1843 Zenobia fue llevada al Hospital Necker (Parías). El doctor Blache le recetó como último recurso un medicamento muy activo, añadiendo que no había remedio.

La madre, no queriendo que la niña sufriera inútilmente, la puso sobre la camita, mientras de sus labios salían estas resignadas  palabras:

-El Señor me la ha dado y el Señor me la quita. Hágase su santísima voluntad.

Después, obedeciendo a un movimiento sobrenatural, tomó una medalla milagrosa y la pasó por el cuerpecito inerte de la niña.

-<<Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos>>-repetía confiada.

Volvieron los médicos por la tarde. Esperaban encontrar a la niña sin vida. Su sorpresa fue grande al ver que aquel cuerpecito respiraba suavemente y movía el brazo antes paralizado.

Pero no todo fue alentador: la niña parecía no ver la luz.

-Quedará ciega -comentaron los médicos.

La madre, llena de confianza, puso la medalla sobre los ojos de su hija. La enfermita se quedó dormida. Al cabo de veinticuatro horas despertó. Sus ojos miraban y… veían.

Un ataque de sarampión perfeccionó la obra: absorbió el agua introducida en el cerebro e hizo salir al exterior cualquier resto de la enfermedad que pudiera haber quedado.

Creció la niña y hoy es hija de la Caridad.

 

             (De una relación enviada al señor Aladel en enero de 1877 por la misma persona que, siendo niña, fue objeto de esta gracia, el cual la publicó en su libro. ALADEL: La medalla milagrosa, 2ª edic. castellana, p. 282.)

 

Puedes leer más milagros AQUI

Puedes ver vídeos de milagros AQUI

 

 

de CatholicosOnline