Virgen María Madre de Dios

 

Milagro:Tráiganmela curada

La Madre María de San Ignacio, Fundadora de la congregación de Jesús-María, tenía establecida su primera casa, la Providencia, en la colina de Fourviére, frente al santuario de la Santísima Virgen.

A aquella casa dirigió sus miradas la Madre de Misericordia para devolver la salud a una de sus hijas.

Juana Portier fue atacada en 1831 por una enfermedad que no la dejaba retener alimento alguno.

Al cabo de dos años aquellos trastornos degeneraron en el llamado <<Baile de San Vito>>, con movimientos convulsivos, casi continuos y ahogos tan fuertes, que pusieron a la enferma, en más de una ocasión en peligro de muerte.

La enferma, llena de espíritu sobrenatural, que le habían infundido en la Providencia, no manifestaba miedo alguno a morirse; por el contrario, tenía mayor temor a vivir por ver en peligro la salvación de su alma.

Por eso, aunque se le había exhortado muchas veces a pedir al Señor su curación, rehusaba a hacerlo:

-Si curo -decía-, tendré que vivir en el mundo y pondré en peligro mi salvación eterna.

Tenía dieciocho años y llevaba ya cuatro en aquel triste estado.

Algún tiempo después la enferma manifestó deseos de visitar a la Santísima Virgen de Fourviére.

Al mismo tiempo la Madre Fundadora había tenido la inspiración de hacer llevar a la joven al santuario, para pedir la curación. Dijo a la enfermera:

-Llévenla a Fourviéres y tráiganmela curada.

Era el 9 de julio de 1835, sentada en una butaca llevaron las Hermanas a la enferma ante la Santísima Virgen. Rogaron fervorosamente. Cada cual hizo sus promesas. La enferma y las dos hermanas. Éstas pedían la curación para obedecer a la Reverenda Madre, que les había dicho: <<Tráiganmela curada.>>  

Juana rezó tres Avemarías, y en el mismo instante sintió como si se rompiesen unas ligaduras que la oprimía y cesaron los movimientos  nerviosos.

¡Estaba curada!

Se puso de rodillas sin necesidad de ayuda y así permaneció largo tiempo en fervorosa acción de gracias.

Volvió a la Providencia por su pie; las Hermanas iban detrás llevando la butaca vacía y con la mayor emoción entraron en casa. La Comunidad estaba entonces en la capilla. La Hermana enfermera se acercó a la Reverenda Madre, y sin poder contener su entusiasmo le dijo:

-Reverenda Madre, nos ha mandado usted que trajéramos a nuestra enferma curada. Hemos obedecido. ¡Mírela!

Conmovida y llena de alegría, la Reverenda Madre tomó a la joven por la mano y la condujo al centro del corro de las Religiosas y dijo con emoción:
-¡Hijas mías, un milagro!

Al día siguiente llamó al doctor Repiquet, médico de la casa, que con admiración y a petición de la Reverenda Madre María de San Ignacio, extendió el certificado de la curación milagrosa.

 

            (Religiosas de Jesús y María. Granada)

 

Puedes leer más milagros AQUI

Puedes ver vídeos de milagros AQUI

 

 

de CatholicosOnline